
El camino que une a la modernidad con mi historia posmoderna es largo y parece nunca acabar. Entre la sordidez del combismo y la mediocridad de la capital, una pantalla trae a la vida las sonrisas. No es común reir tanto cuando se usa el transporte urbano. Afuera podía ver el halo grisaceo que tiñe los cielos polucionados de la Lima de hoy. Por dentro me volvía ese sentimiento de insignificancia que me atemoriza y me vuelve pequeño ante el mundo. No conozco nada, pienso...
Solo unas sonrisas me aletargan, me anestesian.
